San José y el Heroísmo


Escrito por Jonathan Cain, Franciscan University

Traducido por Purificación Rodríguez Campaña

Los hombres desean llegar a convertirse en héroes. Es algo que todos anhelamos: que la gente recurra a nosotros, que solucionemos problemas, que tengamos un papel único e importante. Quienes no sienten que tienen un propósito, o que al menos están preparándose para ello, a menudo acaban considerándose perdidos, sin rumbo o deprimidos. Si no reconocemos nuestro propósito y elegimos vivir en función de él, sentimos que nos falta algo. Pero cuando un hombre toma conciencia de su papel y se sacrifica por él, aquellos que lo ven se dan cuenta de que es plenamente un hombre. Alguien así tiene confianza en sí mismo. Un hombre así es todo un héroe.

Entonces, ¿cuál es el cometido para el que hemos sido destinados? El papel exacto de cada uno es diferente. Algunos hombres están llamados al sacerdocio y otros a ser laicos; algunos de estos laicos están llamados además a ser médicos, otros a ser teólogos, otros a ser obreros. Pero algo universal que caracteriza a todos es la paternidad: sea cual sea la vocación de un hombre, siempre estará llamado a ser padre —espiritual o biológicamente—. Gran parte de los problemas que tienen los hombres hoy en día a la hora de encontrar un propósito para sus vidas proviene del hecho de que la sociedad moderna ha rechazado la familia y, por lo tanto, ha rechazado la importancia de la paternidad. Si un hombre no ve que la paternidad es importante, no se dará cuenta de que vale la pena que la busque, que viva para ella, que se sacrifique y muera por ella. Algo esencial falta en el propósito de la vida de un hombre si el concepto de la paternidad ha sido arrancado de su identidad masculina.

El hombre debe darse cuenta de que la paternidad es un aspecto fundamental de su misión en la vida si quiere realmente llevarla a cabo. Pero el hecho de que nuestra sociedad la rechace hace difícil que cualquiera de nosotros entienda la paternidad como algo importante y digno de admirar, sobre todo para los que no tuvimos una buena figura paterna en nuestras vidas. Afortunadamente, la Iglesia, dentro de su riqueza, nos ofrece un medio para aprender todo esto a través de la figura del hombre más grande —después de Jesucristo— que jamás haya vivido: san José. Él encontró su propósito en su papel de padre de Jesucristo y esposo de la Santísima Virgen María. Es más, san José se sacrificó y vivió de forma excepcional para cumplir su misión. Cuando Herodes mandó asesinar a todos los recién nacidos, él huyó con María y el niño Jesús de Nazaret a Belén y luego a Egipto, un lugar lleno de peligros y crímenes que harían del viaje una tarea difícil. Durante todo este tiempo, José se sacrificó mucho por su familia. Ningún hombre por sí mismo haría todo esto si no comprendiera la importancia de su esfuerzo y no tuviera la hombría necesaria para llevarlo a cabo.

A pesar de la imagen que se suele dar de san José, lo más probable es que fuera un hombre joven cuando se casó con María. De lo contrario le hubiera sido difícil recorrer distancias tan largas. Además, era un hombre que conocía su misión y lo que significaba vivir para ella. Debía tener una seguridad en sí mismo muy discreta que lo hacía ser respetado, y ese tipo de seguridad solo se consigue conociendo profundamente el papel que uno debe desempeñar. Podemos estar seguros de ello por su silencio en la Biblia: san José no dice ni una sola palabra, lo que refleja su humildad y su fortaleza.

San José es el ejemplo perfecto de por qué la paternidad es importante y merece la pena morir por ella. Aunque probablemente nadie reconociera durante su vida el valor de san José, desempeñó la función de ser el padre adoptivo terrenal de Jesucristo y el esposo de María. Sin él, Jesús y María se habrían quedado desprovistos de apoyo y toda la historia de la salvación se habría visto comprometida. Aun así, es probable que las únicas personas que realmente apreciaran su sacrificio y virtud hubieran sido Jesús y María. Aunque seguramente era respetado por sus amigos, es posible que ninguno hubiera comprendido su verdadero papel y valor. Sin embargo, nada de esto le habría importado porque sabía quién era a los ojos de Dios y que él, en su humilde función de padre, era esencial para el plan de Salvación de Dios.

El hombre católico de hoy se encuentra en una situación similar: al igual que san José, cada uno de los que forman parte del Cuerpo de Cristo está llamado a desempeñar un papel esencial e importante en el plan de Dios. Aunque el cometido exacto de cada hombre en la historia de Dios es único, todos coinciden en la paternidad. Y, al igual que con san José, el mundo no considerará importante el papel que desempeñan muchos hombres católicos. Probablemente a nadie le parezca extraordinaria la figura de ese padre creyente que trabaja cuarenta horas a la semana y dedica gran parte de su tiempo libre a arreglar las cosas de la casa y a jugar con sus hijos. Pero lo maravilloso de san José es que nos demuestra que esos hombres pueden ser los más santos e importantes de la tierra.

Muchos hombres que son padres viven infelices y sin paz. No pocos sienten que deberían estar haciendo algo más importante, que deberían ser héroes, que deberían dedicarse a algún proyecto aceptado y reconocido por todo el mundo. Pero el hombre santo que sabe quién es realmente a los ojos de Dios y conoce la importancia que tiene su paternidad en el plan de Salvación de Dios no tiene esos temores. Es consciente de que su papel de padre puede parecer insignificante, pero no por ello deja de ser importante, pues nadie más puede ser el padre de sus propios hijos. El hombre que imita a san José en este aspecto encontrará el sentido de su trabajo, satisfacción en su paternidad y heroísmo en su vida cotidiana. San José demuestra que la paternidad es siempre importante, aun cuando sea pasada por alto.

Como católicos tenemos la suerte de que los santos no son solo ejemplos. Gracias a la Comunión de los Santos, podemos rezar a cualquiera de ellos y pedirle que interceda, y hasta podemos entablar relaciones personales con ellos. Por lo tanto, san José no es simplemente un ejemplo que hay que imitar, sino también un padre espiritual de quien hay que hacerse amigo. Además de demostrarnos lo que significa ser un verdadero hombre y padre, puede enseñarnos e interceder para que aprendamos nosotros a serlo. Cualquier hombre que sienta que está luchando contra su identidad masculina debería acudir a san José y pedirle que le guíe para poder valorar la importancia de su función como parte del plan de Salvación de Dios. José enseñará a quienes se dirijan a él a apoyarse en Dios —y no en el mundo— para conseguir la confianza y libertad que anhelan. Él los conducirá hacia el amor de Dios para darles la fuerza precisa para ser los poderosos líderes que el mundo necesita con tanta urgencia.

I’m a junior computer science major at Franciscan University of Steubenville. I enjoy computer programming, spending time with friends, and being with Jesus in front of the Blessed Sacrament. I am very charismatic and long to see the Body of Christ united and the Kingdom of God alive, as all pour out their praises to the One who is their Love.

0 comments on “San José y el Heroísmo

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s