La Iglesia Católica y Otras Religiones

Share on facebook
Share on twitter
Share on reddit
Share on email

El papa Francisco habla con un rabino judío en Roma.

El siguiente ensayo fue escrito por Joseph Tuttle y editado y aprobado por Mary Boneno. Si tú también tienes un ensayo que te gustaría publicar relacionado con la Teología y calificado con un sobresaliente, te invitamos a que te pongas en contacto con nosotros.

Escrito por Joseph Tuttle, Benedictine College

Traducido por Purificación Rodríguez

Una de las grandes misiones de la Iglesia católica es el diálogo interreligioso. Este debe estar «orientado a la comprensión y al enriquecimiento mutuos, en la obediencia a la verdad y en el respeto a la libertad» (Diálogo y anuncio, 9). En este ensayo hablaré sobre la actitud que debemos adoptar de cara al diálogo interreligioso y sobre cómo tenemos que entender las demás religiones y sus creencias.

Me gustaría comenzar definiendo los dos tipos de Revelación Divina. Por un lado encontramos la revelación general, que tiene dos categorías. La primera es la revelación natural, que sucede cuando uno simplemente observa la naturaleza y puede descubrir en ella de alguna manera a Dios basándose en la razón. La segunda es la revelación a través del corazón humano. Tomemos, por ejemplo, la cita de san Agustín: «Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti, Señor». Esto describe el anhelo interior de todo ser humano por encontrarse con Dios.

El segundo tipo de Revelación Divina es la revelación especial, que puede definirse como la entrada de Dios en la historia para manifestarse ante nosotros. Esta revelación se ve en la Sagrada Escritura y en la Tradición apostólica.

Aquí hay que decir que la revelación general no es propositiva, mientras que la revelación especial sí. Dicho con otras palabras, «una proposición es un enunciado que expresa un juicio haciendo una afirmación o una negación definida. Las doctrinas de la Iglesia, ya sea por la creencia o por la moral, se expresan por medio de proposiciones o son reducibles a ellas. Son proposiciones categóricas porque hacen afirmaciones absolutas y no meramente hipotéticas sobre lo que afirman o niegan» (Hardon, 446). Por tanto, la revelación especial transmite la verdad sobre Dios.

Hay tres actitudes diferentes que uno puede adoptar con respecto al diálogo interreligioso. La primera actitud es el exclusivismo, que dice que no hay revelación fuera del cristianismo y que nadie puede salvarse fuera del mismo. Jan Van Wiele ofrece una espléndida definición: «Por “exclusivista” entiendo el modelo que considera que el cristianismo tiene el monopolio exclusivo de la verdad y la salvación» (Wiele, 781).

La segunda actitud es el inclusivismo, que sostiene que otras religiones cuentan con una revelación general, pero no especial. También dice que los no cristianos pueden ser incluidos en la obra salvadora de Cristo: «Por “inclusivista” me refiero al modelo interreligioso que reconoce a otras religiones como posibles poseedoras de una verdad parcial y una cierta posibilidad de salvación, a condición de que Jesucristo funcione como norma y elemento constitutivo de dicha verdad y salvación» (Wiele, 781).

La tercera actitud es el pluralismo, que dice que hay multitud de revelaciones especiales y que todo el mundo está salvado. Es la creencia de que Dios ha entrado en la historia muchas veces y que ninguna religión da una imagen completa de Él. Por lo tanto, los pluralistas creen que las múltiples religiones y la pluralidad de creencias son necesarias y buenas.

De estas tres actitudes, antiguamente se creía que el exclusivismo era la postura de la Iglesia católica ante las religiones no cristianas. «En la literatura teológica e histórica contemporánea, la mayoría de los autores sostienen que el exclusivismo era el paradigma interreligioso dominante en la Iglesia católica antes del Concilio Vaticano II, mientras que una minoría de autores sostiene que el inclusivismo era el paradigma dominante» (Wiele, 781). Aunque el lenguaje de ciertos libros de texto utilizados para enseñar a los católicos era realmente duro, pretendía luchar contra el indiferentismo, que dice que la religión de cada uno no importa. Sin embargo, la Iglesia católica era y es inclusiva, como veremos más adelante.

La herejía jansenista fue uno de los principales elementos que contribuyeron a la creencia exclusivista. Estas personas no estaban de acuerdo con san Roberto Belarmino, S.J. cuando decía que «las personas a las que aún no se les ha anunciado el Evangelio pueden conocer, a través de las criaturas, que Dios existe, y pueden entonces ser movidas por la gracia de Dios a creer que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan; y a partir de tal fe pueden acercarse aún más a Dios, que guía y ayuda, a la oración y a las obras de caridad, y de esta manera puede obtener, a través de la oración, una mayor fe» (Catecismo Romano, 1566). Ni que decir tiene que los Papas Alejandro VIII y Clemente XI condenaron la posición exclusivista jansenista afirmando que «es condenable decir que “los paganos, los judíos y demás no reciben en modo alguno la influencia de Jesucristo, y así inferiréis con razón que en ellos hay una voluntad desnuda y débil sin ninguna gracia suficiente”» (DS, 2305). Esto demuestra que la Iglesia era de hecho inclusiva, e incluso condenaba a los que eran exclusivistas.

La mejor actitud posible de cara a las religiones no cristianas es el inclusivismo. En Nostra Aetate, la Iglesia afirma: «La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres».

Ahora bien, hay que entender algunos conceptos para comprender la opinión de la Iglesia sobre el inclusivismo. El primero es el papel de Jesucristo en la salvación de la humanidad. La Iglesia enseña que Jesús es el mediador y redentor universal. Esto significa que Dios quiere «llamar a sí a todas las gentes en Cristo y comunicarles la plenitud de su revelación y de su amor» (Dominus Iesus, 8).

El segundo concepto es el papel de la Iglesia en la salvación de la humanidad. «Con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia para la salvación de todos los hombres […]  De hecho, la Iglesia, guiada por la caridad y el respeto de la libertad, debe empeñarse primariamente en anunciar a todos los hombres la verdad definitivamente revelada por el Señor, y a proclamar la necesidad de la conversión a Jesucristo y la adhesión a la Iglesia a través del bautismo y los otros sacramentos, para participar plenamente de la comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo» (Dominus Iesus, 22). Por lo tanto, la misión permanente de la Iglesia es llevar a las otras religiones que tienen una parte de la verdad a la plenitud de la verdad revelada en Jesucristo.

El diálogo interreligioso es, de hecho, un medio de evangelización. Sin embargo, hay que precisar aquí que el diálogo es diferente al anuncio. El anuncio «es la comunicación del mensaje evangélico, el misterio de salvación realizado por Dios para todos en Jesucristo, con la potencia del Espíritu Santo» (Diálogo y Anuncio, 10). El diálogo pretende valorar a los demás por lo que son y relacionarse con ellos de forma profundamente personal. Para que el diálogo sea fructífero, debemos estar abiertos y ser receptivos, pero no hasta el extremo de abandonar nuestra identidad cristiana. Debemos apreciar las demás religiones y tener un deseo sincero de llevar a los demás a Cristo.

Podemos encontrar muchos «frutos» del diálogo. «Mediante el diálogo, los cristianos y todas las demás personas están invitados a profundizar su empeño religioso y a responder, con sinceridad creciente, a la llamada personal de Dios y al don gratuito que él hace de sí mismo» (Diálogo y anuncio, 40). Muchos creen que en el transcurso del diálogo la propia fe se debilitaría, pero ocurre lo contrario: «Lejos de debilitar su fe, el verdadero diálogo la hará más profunda […] Su fe se abrirá a nuevas dimensiones al descubrir la presencia operante del misterio de Jesucristo más allá de los confines visibles de la Iglesia y de la grey cristiana» (Diálogo y anuncio, 50). En definitiva, el diálogo está motivado por el amor a Cristo y la voluntad de compartir nuestra fe con los demás, al tiempo que pretende «eliminar el miedo y la agresividad» (Diálogo y anuncio, 83).

Referencias

Hardon, J. A. (2000). Modern Catholic Dictionary. Eternal Life Publications.

Dominus Iesus. (2000). Vatican Website. http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000806_dominus-iesus_en.html

Dialogue and Proclamation: (1991). Vatican Website. http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/interelg/documents/rc_pc_interelg_doc_19051991_dialogue-and-proclamatio_en.html

Nostra aetate. (1965). Vatican Website. http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_en.html

Wiele, J. V. (2007)   Neo-Thomism and the Theology Of Religions: A Case Study on Belgian and U.S. Textbooks (1870–1950). http://cdn.theologicalstudies.net/68/68.4/68.4.3.pdf

El papa Francisco habla con un rabino judío en Roma.

El siguiente ensayo fue escrito por Joseph Tuttle y editado y aprobado por Mary Boneno. Si tú también tienes un ensayo que te gustaría publicar relacionado con la Teología y calificado con un sobresaliente, te invitamos a que te pongas en contacto con nosotros.

Escrito por Joseph Tuttle, Benedictine College

Traducido por Purificación Rodríguez

Una de las grandes misiones de la Iglesia católica es el diálogo interreligioso. Este debe estar «orientado a la comprensión y al enriquecimiento mutuos, en la obediencia a la verdad y en el respeto a la libertad» (Diálogo y anuncio, 9). En este ensayo hablaré sobre la actitud que debemos adoptar de cara al diálogo interreligioso y sobre cómo tenemos que entender las demás religiones y sus creencias.

Me gustaría comenzar definiendo los dos tipos de Revelación Divina. Por un lado encontramos la revelación general, que tiene dos categorías. La primera es la revelación natural, que sucede cuando uno simplemente observa la naturaleza y puede descubrir en ella de alguna manera a Dios basándose en la razón. La segunda es la revelación a través del corazón humano. Tomemos, por ejemplo, la cita de san Agustín: «Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti, Señor». Esto describe el anhelo interior de todo ser humano por encontrarse con Dios.

El segundo tipo de Revelación Divina es la revelación especial, que puede definirse como la entrada de Dios en la historia para manifestarse ante nosotros. Esta revelación se ve en la Sagrada Escritura y en la Tradición apostólica.

Aquí hay que decir que la revelación general no es propositiva, mientras que la revelación especial sí. Dicho con otras palabras, «una proposición es un enunciado que expresa un juicio haciendo una afirmación o una negación definida. Las doctrinas de la Iglesia, ya sea por la creencia o por la moral, se expresan por medio de proposiciones o son reducibles a ellas. Son proposiciones categóricas porque hacen afirmaciones absolutas y no meramente hipotéticas sobre lo que afirman o niegan» (Hardon, 446). Por tanto, la revelación especial transmite la verdad sobre Dios.

Hay tres actitudes diferentes que uno puede adoptar con respecto al diálogo interreligioso. La primera actitud es el exclusivismo, que dice que no hay revelación fuera del cristianismo y que nadie puede salvarse fuera del mismo. Jan Van Wiele ofrece una espléndida definición: «Por “exclusivista” entiendo el modelo que considera que el cristianismo tiene el monopolio exclusivo de la verdad y la salvación» (Wiele, 781).

La segunda actitud es el inclusivismo, que sostiene que otras religiones cuentan con una revelación general, pero no especial. También dice que los no cristianos pueden ser incluidos en la obra salvadora de Cristo: «Por “inclusivista” me refiero al modelo interreligioso que reconoce a otras religiones como posibles poseedoras de una verdad parcial y una cierta posibilidad de salvación, a condición de que Jesucristo funcione como norma y elemento constitutivo de dicha verdad y salvación» (Wiele, 781).

La tercera actitud es el pluralismo, que dice que hay multitud de revelaciones especiales y que todo el mundo está salvado. Es la creencia de que Dios ha entrado en la historia muchas veces y que ninguna religión da una imagen completa de Él. Por lo tanto, los pluralistas creen que las múltiples religiones y la pluralidad de creencias son necesarias y buenas.

De estas tres actitudes, antiguamente se creía que el exclusivismo era la postura de la Iglesia católica ante las religiones no cristianas. «En la literatura teológica e histórica contemporánea, la mayoría de los autores sostienen que el exclusivismo era el paradigma interreligioso dominante en la Iglesia católica antes del Concilio Vaticano II, mientras que una minoría de autores sostiene que el inclusivismo era el paradigma dominante» (Wiele, 781). Aunque el lenguaje de ciertos libros de texto utilizados para enseñar a los católicos era realmente duro, pretendía luchar contra el indiferentismo, que dice que la religión de cada uno no importa. Sin embargo, la Iglesia católica era y es inclusiva, como veremos más adelante.

La herejía jansenista fue uno de los principales elementos que contribuyeron a la creencia exclusivista. Estas personas no estaban de acuerdo con san Roberto Belarmino, S.J. cuando decía que «las personas a las que aún no se les ha anunciado el Evangelio pueden conocer, a través de las criaturas, que Dios existe, y pueden entonces ser movidas por la gracia de Dios a creer que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan; y a partir de tal fe pueden acercarse aún más a Dios, que guía y ayuda, a la oración y a las obras de caridad, y de esta manera puede obtener, a través de la oración, una mayor fe» (Catecismo Romano, 1566). Ni que decir tiene que los Papas Alejandro VIII y Clemente XI condenaron la posición exclusivista jansenista afirmando que «es condenable decir que “los paganos, los judíos y demás no reciben en modo alguno la influencia de Jesucristo, y así inferiréis con razón que en ellos hay una voluntad desnuda y débil sin ninguna gracia suficiente”» (DS, 2305). Esto demuestra que la Iglesia era de hecho inclusiva, e incluso condenaba a los que eran exclusivistas.

La mejor actitud posible de cara a las religiones no cristianas es el inclusivismo. En Nostra Aetate, la Iglesia afirma: «La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres».

Ahora bien, hay que entender algunos conceptos para comprender la opinión de la Iglesia sobre el inclusivismo. El primero es el papel de Jesucristo en la salvación de la humanidad. La Iglesia enseña que Jesús es el mediador y redentor universal. Esto significa que Dios quiere «llamar a sí a todas las gentes en Cristo y comunicarles la plenitud de su revelación y de su amor» (Dominus Iesus, 8).

El segundo concepto es el papel de la Iglesia en la salvación de la humanidad. «Con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia para la salvación de todos los hombres […]  De hecho, la Iglesia, guiada por la caridad y el respeto de la libertad, debe empeñarse primariamente en anunciar a todos los hombres la verdad definitivamente revelada por el Señor, y a proclamar la necesidad de la conversión a Jesucristo y la adhesión a la Iglesia a través del bautismo y los otros sacramentos, para participar plenamente de la comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo» (Dominus Iesus, 22). Por lo tanto, la misión permanente de la Iglesia es llevar a las otras religiones que tienen una parte de la verdad a la plenitud de la verdad revelada en Jesucristo.

El diálogo interreligioso es, de hecho, un medio de evangelización. Sin embargo, hay que precisar aquí que el diálogo es diferente al anuncio. El anuncio «es la comunicación del mensaje evangélico, el misterio de salvación realizado por Dios para todos en Jesucristo, con la potencia del Espíritu Santo» (Diálogo y Anuncio, 10). El diálogo pretende valorar a los demás por lo que son y relacionarse con ellos de forma profundamente personal. Para que el diálogo sea fructífero, debemos estar abiertos y ser receptivos, pero no hasta el extremo de abandonar nuestra identidad cristiana. Debemos apreciar las demás religiones y tener un deseo sincero de llevar a los demás a Cristo.

Podemos encontrar muchos «frutos» del diálogo. «Mediante el diálogo, los cristianos y todas las demás personas están invitados a profundizar su empeño religioso y a responder, con sinceridad creciente, a la llamada personal de Dios y al don gratuito que él hace de sí mismo» (Diálogo y anuncio, 40). Muchos creen que en el transcurso del diálogo la propia fe se debilitaría, pero ocurre lo contrario: «Lejos de debilitar su fe, el verdadero diálogo la hará más profunda […] Su fe se abrirá a nuevas dimensiones al descubrir la presencia operante del misterio de Jesucristo más allá de los confines visibles de la Iglesia y de la grey cristiana» (Diálogo y anuncio, 50). En definitiva, el diálogo está motivado por el amor a Cristo y la voluntad de compartir nuestra fe con los demás, al tiempo que pretende «eliminar el miedo y la agresividad» (Diálogo y anuncio, 83).

Referencias

Hardon, J. A. (2000). Modern Catholic Dictionary. Eternal Life Publications.

Dominus Iesus. (2000). Vatican Website. http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000806_dominus-iesus_en.html

Dialogue and Proclamation: (1991). Vatican Website. http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/interelg/documents/rc_pc_interelg_doc_19051991_dialogue-and-proclamatio_en.html

Nostra aetate. (1965). Vatican Website. http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_en.html

Wiele, J. V. (2007)   Neo-Thomism and the Theology Of Religions: A Case Study on Belgian and U.S. Textbooks (1870–1950). http://cdn.theologicalstudies.net/68/68.4/68.4.3.pdf

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Follow Us!

Enter your email address to subscribe to this blog and receive notifications of new posts by email.

Join 337 other subscribers