Devolver el Sexo al Matrimonio


by Maria Flores, The Catholic University of America

Una de las mayores diferencias entre el matrimonio tradicional y el matrimonio entre personas del mismo sexo es la posibilidad de mantener relaciones sexuales. Es imposible que dos personas del mismo sexo lleven a cabo el acto conyugal, que por definición es  inseparablemente unitivo y procreativo.[1] Algunos sectores intelectuales laicos consideran que la enseñanza de la Iglesia católica sobre la sexualidad es represiva. La opinión de estas personas podría tener su origen en la imagen de la Iglesia que se formó durante la época victoriana, cuando se consideraba que las relaciones sexuales tenían como único fin la procreación y el placer se consideraba impropio e incluso pecaminoso.[2] Según el artículo de Julie Rubio The Practice of Sex in Christian Marriage (La práctica del sexo en el matrimonio cristiano), incluso algunos “cristianos de hoy en día pueden estar de acuerdo en que el sexo es bueno, pero seguimos bastante lejos de saber a qué nos referimos” porque los padres siguen sintiéndose incómodos al hablar del tema con sus hijos y lo dejan en manos del curso de educación sexual de la escuela.[3] Como resultado, estas personas a las que les avergüenza el sexo podrían no ver nada malo en el matrimonio homosexual, donde la sexualidad no forma parte de los elementos que lo componen.

Por otro lado, hay quienes consideran que los católicos están obsesionados con el sexo. Siguiendo el estilo que marcó el Concilio Vaticano II, en el que la Iglesia trató de destacar los aspectos positivos de la vida cristiana más de lo que lo había hecho en el anterior Concilio, la educación católica en las últimas décadas ha insistido mucho en todo lo bueno que conlleva el sexo, sobre todo a raíz de las excepcionales enseñanzas del Papa Juan Pablo II sobre el amor humano en la Teología del Cuerpo. Sin embargo, quienes se oponen al matrimonio tradicional sostienen que la Iglesia da demasiada importancia al sexo como expresión del amor. Suelen argumentar que el amor puede expresarse de formas distintas a las manifestaciones físicas y que, por tanto, el matrimonio entre personas del mismo sexo es válido. Ambos puntos de vista van en paralelo a la idea errónea que concibe a la persona como ser omnipresente en la sociedad actual. En este artículo expondré por qué el matrimonio homosexual es contrario a la naturaleza de la persona humana y perjudicial para la sociedad, explicando la indisoluble unidad del cuerpo y el alma en el hombre, la definición del matrimonio y los efectos negativos que el matrimonio entre personas del mismo sexo tiene en los niños.

En primer lugar, si el ser humano ha sido creado por amor y para el amor, la forma de expresar y recibir el amor debería ser inseparable de la definición del ser humano. La persona humana está compuesta de cuerpo y alma. Por lo tanto, uno comparte y recibe amor simultáneamente a través de su cuerpo y de su alma. Así pues, quienes apoyan el matrimonio homosexual sostienen que el cuerpo y el alma de la persona humana son separables y que se puede amar con uno u otro. Robert P. George, profesor de la Universidad de Princeton y defensor de la integridad sexual y el matrimonio tradicional, explicó esto en el seminario Love and Fidelity Network’s 2015 Leadership Seminar desde una perspectiva filosófica. Describió a la generación actual como la “generación del yo”, en la que uno cree que nunca debe actuar de forma que perjudique a los demás a menos que le beneficie hacerlo.[4] En este modelo ético, solo existe la unión emocional entre las personas y, como las emociones son efímeras, surge una cultura basada en el relativismo. En esta cultura, uno puede entregarse completamente a otra persona, pero solo hasta donde él quiera. Así vemos, por ejemplo, que el matrimonio poliamoroso, el matrimonio homosexual y la zoofilia tienen en común la incapacidad de entregarse (en cuerpo y alma) completamente al otro; en su lugar, se basan únicamente en los sentimientos, deseos y emociones que uno tiene en un momento determinado. Por lo tanto, bajo este supuesto, el matrimonio tradicional y la idea de que haber consumado un matrimonio elimina la posibilidad de divorcio no tienen sentido, puesto que prosigue la idea de un dualismo cuerpo-yo, que nos presenta como una sustancia no corporal que habita en un cuerpo para obtener satisfacción.

Por el contrario, George sostiene que una persona no es un cuerpo aislado de la psique o viceversa, sino que una persona es un compuesto cuerpo-mente. Dicho de otro modo, “somos nuestros cuerpos y una persona es una unidad dinámica”.[5] La definición de la persona como cuerpo y alma sustenta la definición del matrimonio como unión personal. En Génesis 2:24 vemos que el hombre y la mujer “se convertirán en una sola carne”.[6] Es decir, dos seres humanos diferentes se unen biológicamente y, como consecuencia, también personalmente. Por ello se deduce que dos personas del mismo sexo no podrán unirse personalmente. Para desmentir la idea de que el sexo es solo una forma más de intimar, George explica que las relaciones sexuales son diferentes de todos los demás actos que realiza un individuo. No es lo mismo que dar la mano o abrazar a alguien. Por ejemplo, en todo el mundo la violación es considerada un atentado terrible contra la otra persona, y esto está estrechamente relacionado con la importancia que tiene el sexo en la naturaleza humana (que debe integrar tanto el cuerpo como el alma). Asimismo, alguien que piense que es fácil separar la psique y el cuerpo no debería tener ningún problema en afirmar que un enfermo de Alzheimer que carezca de psique o alguien como Bruce Jenner con dismorfia corporal no deben ser consideradas personas. Incluso para la sencilla tarea de reconocer un objeto determinado debemos utilizar tanto la mente como el cuerpo. Entonces, si se necesita a la persona en su conjunto para tan solo ver cómo es algo material, ¿por qué se puede separar el cuerpo y la mente en el tema sexual?

Una consecuencia de la aceptación social del matrimonio entre personas del mismo sexo es que hace parecer que todo el mundo está llamado al matrimonio. Según la enseñanza de la Iglesia, las personas con atracción por el mismo sexo deben permanecer en estado de continencia. Sin embargo, cuando estas personas que están llamadas a la vida de soltero aún así se casan , da la impresión de que hay algo malo en la vida de soltero. En el Antiguo Testamento se entendía de forma parecida, ya que casarse y tener hijos era muy importante para evitar que la línea familiar se extinguiera. Sin embargo, después de la muerte, resurrección y ascensión al cielo de Jesús, los hijos dejaron de ser una necesidad para este fin, ya que la muerte fue destruida y la vida eterna se abrió paso por la gracia de Dios y no por los esfuerzos humanos para procrear. Además, el propio Jesucristo eligió ser célibe durante toda su vida terrenal como señal de la realidad escatológica: el hecho de que hay vida después de la muerte. En este sentido, Jesús supuso una contradicción en su tiempo.

En defensa de los llamados a la vida de soltero, también es necesario ver el matrimonio principalmente como una institución divina y como un medio para acercar a su pueblo a Él. Por ejemplo, el matrimonio es análogamente un reflejo de la Trinidad divina, ya que es una comunión entre personas. También refleja el destino de estar en comunión con Dios en el cielo. Por lo tanto, el objetivo del matrimonio, como el de cualquier vocación, debe ser siempre alcanzar la vida eterna. La llamada a la santidad, como tal, es una vocación compartida por todos y la respuesta a esa llamada incluye diferentes caminos, como la vida matrimonial, la vida consagrada o la vida de soltero consagrado.[7] Considerar que el fin de toda vida humana, incluida la vida conyugal, es uno solo y el mismo para todos, unifica las vocaciones y evita la idealización de una sobre las demás. Schmemann, un teólogo ortodoxo, afirma que el camino por el que una persona en la vida consagrada o en la vida matrimonial está llamada a alcanzar el cielo es llevando a otros a Dios. El teólogo Alexander Schmemann asegura que “el verdadero pecado del matrimonio hoy en día no es el adulterio o la falta de ‘adaptación’ o el ‘daño psicológico’. Es la idolatría de la propia familia, el rechazo [egoísta] a entender el matrimonio como algo destinado a alcanzar el Reino de Dios”.[8] Nada debe interponerse en el camino de seguir a Dios y es Él es quien nos une a otras personas. Por lo tanto, los que eligen casarse con alguien del mismo sexo se alejan de la voluntad de Dios, y degradan el significado del matrimonio que parte de una institución fundamentalmente divina destinada a conducir a las personas a la vida eterna, convirtiéndolo en algo que uno puede elegir arbitrariamente para sí mismo.

Otra consecuencia social negativa del matrimonio homosexual es que a menudo hace más difícil que las personas con atracción hacia el mismo sexo consigan permanecer solteras debido a la falta de apoyo de la comunidad. Por ejemplo, en su artículo Struggling Alone (Sufriendo en soledad), Ryan T. Anderson cuenta la historia de su amigo ‘Chris’, que es rechazado en su campus universitario por negarse a seguir sus impulsos emocionales. Chris había desarrollado una atracción por los hombres y, mientras los demás universitarios le animaban a dejarse llevar por sus sentimientos y reconocerse como gay, a la vez criticaban su decisión de intentar superar sus emociones desordenadas y evitar las relaciones amorosas con personas de su mismo sexo. En su opinión, “la atracción sexual no define a una persona”.[9] Mientras que la cultura del sentimiento, que incluye al movimiento LGBT, aparentemente promueve la independencia, la libertad y la tolerancia, Chris fue víctima de un claro rechazo por su elección. Estos grupos “patrocinan habitualmente conferencias públicas que critican las respuestas que ofrece el cristianismo a la atracción por el mismo sexo, los llamamientos a la castidad y los intentos de buscar terapia”, todo lo cual obliga a evaluar los sentimientos desde la razón,  y solo apoyan a aquellos que se someten ciegamente a sus emociones.[10]

            El matrimonio entre personas del mismo sexo no solo menoscaba el significado del matrimonio al intentar disolver la unidad intrínseca entre el cuerpo y el alma y, en consecuencia, conducir a las personas por el mal camino, sino que también se desentiende de los hijos (ya que estos son procreados mediante el acto conyugal). Debido a que, cuando deciden contraer matrimonio con alguien del mismo sexo, las dos personas solo tienen en cuenta sus propios deseos y emociones, en lugar de entregarse sin reservas, lo que ocurre es que los niños y su bienestar pasan a un segundo plano. El padre D. Paul Sullins, profesor del departamento de sociología de la Universidad Católica de América, ha estudiado los efectos negativos de tener unos padres del mismo sexo para los niños. Por ejemplo, ha descubierto en sus investigaciones que los que son criados por ambos padres biológicos se encuentran dos veces mejor emocionalmente que los que crecen con un solo padre biológico y, del mismo modo, los que son criados por un padre biológico se encuentran dos veces mejor que los que crecen sin ninguno de ellos.[11] El padre Sullins presenta dos teorías extraídas de la literatura para el caso más frecuente que se da en las parejas homosexuales, que es cuando el niño es criado por un solo progenitor biológico, normalmente la madre: 1) este progenitor estará muy unido a su hijo y pretenderá que su pareja le dedique tanta atención como él, pero se encontrará con que la pareja siente celos del niño y se entristece por haber perdido dicha atención, y 2) la otra consecuencia común es que los que crecieron en esta situación expresen que sintieron la falta de una figura masculina/femenina en su vida, y que siguen sintiendo esa carencia en su vida adulta. Jennifer Morse, fundadora del Instituto Ruth, que lleva a cabo una campaña contra la revolución sexual, afirma que algo común entre los padres divorciados, solteros, que contraen matrimonio con alguien del mismo sexo, que concibieron mediante óvulos o esperma de donantes, etc., es que su “relación con su pareja sexual es más importante para ellos que su hijo”.[12]

Es importante tener en cuenta que el matrimonio no es simplemente un vínculo entre dos individuos, sino que afecta a toda la Iglesia y a la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, Stephen Pope en su artículo Same-Sex Marriage: Threat or Aspiration? (Matrimonio entre personas del mismo sexo: ¿Amenaza o aspiración?) afirma que en una cultura denominada “generación post-matrimonio”, el impulso a la legalización del matrimonio homosexual demuestra que la cultura sigue valorando el matrimonio. Él propone que el matrimonio entre personas del mismo sexo es una oportunidad para que la Iglesia reintroduzca el matrimonio en la cultura y que, por lo tanto, las parejas homosexuales deberían ser reconocidas en la Iglesia. En cambio, John Grabowski sostiene que el punto de vista de Pope privatiza el matrimonio y lo limita erróneamente a un asunto privado entre dos individuos. Aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo sería inaceptable, ya que el matrimonio es fundamentalmente público y social. Grabowski afirma además que el matrimonio se sostiene y se nutre de la comunidad en general, donde las personas se responsabilizan mutuamente de su crecimiento espiritual.

Por otra parte, en Rekindling the Christic Imagination (Reavivar la imagen de Cristo), Robert Imbelli utiliza la metáfora paulina de la Iglesia como cuerpo de Cristo con Él a la cabeza para decir que el concepto de unidad es el medio que tiene la Iglesia para llevar a las personas a la santidad, para unirlas con Cristo, su cabeza. Dice que “la salud de la comunión, que  es el cuerpo eclesial de Cristo, exige la salud evangélica de cada miembro”.[13] Su argumento recuerda cómo cada pecado no solo afecta a uno mismo, a su futuro en la eternidad y a su relación con Dios, sino también a otras personas y a toda la creación. Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica dice que “los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen el perdón de la misericordia de Dios por la ofensa cometida contra Él, y son, al mismo tiempo, reconciliados con la Iglesia a la que han herido con sus pecados y que con la caridad, el ejemplo y la oración trabaja por su conversión”.[14] La Reconciliación, como cualquier otro sacramento e incluso como las propias decisiones comunes, no es una cuestión privada. Cada persona está destinada a permanecer en unidad con los demás, y el pecado le separa de su llamada a ser miembro del cuerpo de Cristo.

Basándonos en las repercusiones del matrimonio en la vida de los hijos, así como en los llamados a ser solteros, y su importante lugar en la sociedad, es evidente la necesidad de reconocer que el matrimonio es el vínculo entre un esposo y una esposa que se entregan por completo. Y, puesto que el matrimonio es un vínculo entre dos personas, para definirlo correctamente se debe reintegrar la idea de que la persona humana es inseparablemente cuerpo y alma. De lo contrario, los deseos de las personas, que están en constante cambio, tendrán libertad para la explotación de las relaciones sexuales, el acto humano más profundamente personal y vulnerable.

Bibliografía

Anderson, Ryan T., “Struggling Alone,” First Things. http://www.firstthings.com/article/2007/02/struggling-alone

Catecismo de la Iglesia Católica: Revisado según el texto oficial en latín promulgado por el Papa Juan Pablo II

George, Robert P., “Sexual Integrity and Marriage,” (Presentation, Annual Leadership Seminar    on Integrity in Action, Princeton, NJ, summer 2015).

Hamblin, James. “The Sexual Decision-Making Process according to the Penitentials,” The          Atlantic, 2014, http://www.theatlantic.com/health/archive/2014/01/a-sexual-decision            flowchart-that-makes-everything-simpler-for-medieval-men/283364/.

Imbelli, Robert P., Rekindling the Christic Imagination, Collegeville, MN: Liturgical Press          (2014)

Morse, Jennifer. “Does Homo Economicus Have Attachment Disorder?” (Presentation on economy and the family hosted by the Catholic University of America Anscombe Society     and the Pontifical John Paul II Institute on March 11, 2016)

New American Standard Bible. La Habra, CA: Foundation Publications, for the Lockman Foundation, (1971).

Paul VI, Pope, Humanae Vitae. (1968), no.12.

Rubio, Julie. “The Practice of Sex in Christian Marriage,” Leaving and Coming Home: New        Wineskins for Sexual Ethics, David Cloutier ed. (2010).

Schmemann, Alexander, For the Life of the World: Sacraments and Orthodoxy, Crestwood, NY: St. Vladimir’s Seminary Press, (1973). 

Second Vatican Council, Dogmatic Constitution on the Church, Lumen Gentium (1964), n.39       (The Universal Call to Holiness in the Church).

Smythers, Ruth. ”The Good Wife’s Guide & Advice for Young Brides,” The Feminist eZine,            http://www.feministezine.com/feminist/historical/Good-Wifes-Guide.html.

Sullins, D. Paul, “The Negative Effect of Same-Sex Parenting on Children,” (Poster          Presentation, Research Day at the Catholic University of America on April 15, 2016).

Editado por Ariel Hobbs


[1]  Papa Pablo VI, Humanae Vitae, núm. 12.

[2] Para conocer ejemplos, consulte la obra de Ruth Smythers Instruction and Advice for the Young Bride y The Sexual Decision-Making Process according to the Penitentials de  James Hamblin.

[3]  Julie Rubio, The Practice of Sex in Christian Marriage, pág. 230.

[4] Robert P. George, presentación en el seminario Love and Fidelity Network Leadership

[5]  Robert P. George, Sexual Integrity and Marriage, presentación en la Universidad Princeton

[6]  New American Standard Bible

[7]  Lumen Gentium, núm. 39

[8]  Alexander Schmemann, For the Life of the World, pág. 90

[9]  Ryan T. Anderson, “Struggling Alone”

[10] Ryan T. Anderson

[11]  Reverendo D. Paul Sullins, “The Negative Effect of Same-Sex Parenting on Children”

[12] Jennifer Morse, presentación “Does Homo Economicus Have Attachment Disorder?” en la Universidad Católica de América

[13]  Robert P. Imbelli, Rekindling the Christic Imagination, pág. 75

[14]  Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 1422

0 comments on “Devolver el Sexo al Matrimonio

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s