Cómo Pueden los Católicos Recuperar la Meditación

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Escrito por Joseph Gibson, Texas A&M University

Traducido por Purificación Rodríguez

¿En qué pensamos al escuchar la palabra «meditación»? Lo más probable es que vengan a nuestra mente ideas asociadas con la Nueva Era o al paganismo oriental. No pasa nada si no pensamos en Santa Teresa de Ávila y sus moradas o en San Juan de la Cruz y su Noche Oscura. Tampoco si no nos acordamos del cartujo en su celda o del laico que busca fortalecer su apostolado activo. Sin embargo, son todos ellos los que continúan la antigua y necesaria tradición de la oración cristiana, que es realmente eficaz a la hora de agradar a Dios, unir el alma con Él y llevarle todas esas peticiones que tantas veces le hacemos.

Lamentablemente, en la mente de muchos la meditación no forma parte del camino cristiano, sino de la vida del laico o del pagano. Sí, a menudo oímos hablar de los beneficios para la salud que puede tener «vaciar la mente» y puede que incluso lo hayamos probado alguna vez. Sin embargo, el peligro de tal práctica es claro y podemos verlo en el capítulo 12 del Evangelio de San Mateo en el que Cristo nos ofrece la siguiente enseñanza:

«Cuando el espíritu inmundo sale del hombre anda vagando por lugares áridos en busca de reposo y no lo encuentra. Entonces dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. Y al volver la encuentra deshabitada, barrida y arreglada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él y se mete a habitar allí; y el final de aquel hombre resulta peor que el comienzo. Así le sucederá a esta generación malvada».

Con frecuencia podemos observar cómo el mundo se acerca a la verdad, pero acaba cayendo en el error, que se encuentra separado por una línea muy fina. Por lo general, esto se debe a que está siguiendo, a sabiendas o no, algunos principios de la tradición católica que acercan a la verdad, pero tergiversándolos para hacerlos más atractivos y fáciles de aceptar. El hecho de que el mundo nos diga que obtendremos beneficios si nos tomamos unos minutos del día para sentarnos, respirar y vaciar nuestra mente es un ejemplo de uno de esos errores que no están tan lejos de la verdad. Pero esta pequeña diferencia es también la que existe entre el camino estrecho de Dios y el camino ancho del mal. Cuando nuestra mente se vacía y no se llena con las cosas de Dios, nos exponemos al mal. Por eso, la verdadera meditación del cristiano es precisamente la presencia plena de Dios en nuestra mente. De hecho, los santos nos dicen que la meditación, también llamada oración mental, es precisamente el medio por el que podemos alcanzar la perfección que Dios nos exige.

La oración mental es definida por Dom Lehodey simplemente como «la oración interior y silenciosa por la que el alma se eleva a Dios sin ayuda de palabras o fórmulas». Solemos pensar que la oración vocal es suficiente; al fin y al cabo, la oración es oración. Sin embargo, San Alfonso de Ligorio afirma que «la oración mental es moralmente necesaria para la salvación» y añade que:

Santa Teresa decía que quien descuida la oración mental no necesita que un diablo lo arrastre al infierno, pues él mismo se llevará hasta allí con sus propias manos.

San Juan de la Cruz decía:

Sin la ayuda de la oración mental, el alma no puede triunfar sobre las fuerzas del demonio.

Cuando los santos hablan deberíamos prestar atención, al igual que un atleta aficionado debe escuchar a un campeón. ¿Cuánto más debemos tener en cuenta las palabras cuando provienen del acuerdo de los Doctores de la Iglesia? Esto va más allá de esta breve exhortación, pues estos santos y otros tantos han escrito mucho más detalladamente sobre los motivos de esta necesidad.

Así que, alma cristiana, si quieres cumplir tu vocación a la santidad: escucha a los santos y adquiere un nuevo buen hábito este año dedicando simplemente 15 minutos al día a la oración mental. Con esto espero haber respondido al «por qué» de la oración mental de manera suficientemente eficaz como para animar al alma a actuar. Para el «cómo» y el «qué» no haría más que seguir repitiendo lo que dicen los santos y los autores espirituales. Así pues, he aquí una breve lista de lecturas que debería proporcionar al lector una buena base para esta práctica tan valiosa. Todas son lecturas que considero imprescindibles para cualquier cristiano, pero no son exclusivamente para ellos. Además, incluiría cualquier obra de san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila y san Alfonso Ligouri. A todos ellos se hace referencia también en las obras mencionadas anteriormente.

  • Introducción a la vida devota de San Francisco de Sales es exactamente lo que dice el título. San Francisco te lleva cuidadosamente de la mano durante tus primeros pasos hacia la santificación
  • Los caminos de la oración mental de Dom Vitalis Lehodey O.C.R es como un libro de texto: muy árido pero de gran profundidad informativa. Aquí puedes encontrar todo lo que quieras saber sobre la oración mental.
  • El alma del apostolado de Dom Jean-Baptiste Chautard (O.C.S.O.) es, sin exagerar, uno de los libros más importantes y relevantes para el cristiano de hoy. Las cuestiones que Dom Chautard expone y resuelve tan hábilmente son igual de pertinentes en la actualidad que hace casi un siglo. También debería ser considerado de lectura obligatoria para todo cristiano que forme parte de un apostolado activo, como los miembros de organizaciones estudiantiles católicas.

Una última observación para todos los que estén dispuestos a dar el salto a la meditación. Tómate tu tiempo y reza de la manera que mejor acerque tu corazón y tu mente a Dios. No hay reglas concretas para esto, aparte de la necesidad de hacerlo, y algunas personas se adaptan mejor a ciertos métodos que otras. En esas obras se muestran diferentes formas de orar, para que el lector pueda encontrar la que más le convenga.

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