Aborto Indirecto: Acabando con el Mito


Chrissy Teigen, John Legend announce loss of baby - CNN Video

Traducido por Purificación Rodríguez Campaña

El siguiente ensayo fue escrito por Maureen Francois y recibió un sobresaliente por parte del Benedictine College. Invitamos a los lectores a que nos envíen también sus ensayos a través de nuestra página de contacto y esperamos que disfruten de esta obra.

Todos hemos oído el argumento de que el aborto salva vidas.  Los políticos insisten continuamente en que necesitamos la normalización del aborto para que las mujeres no mueran por complicaciones del embarazo. Por otro lado, podemos encontrar también en todo el mundo mujeres que se movilizan para pedir la legalización del aborto alegando que sus vidas podrían depender de él. Pero ¿realmente el aborto salva vidas? ¿Son verdaderamente necesarios para salvar a las mujeres los proveedores de servicios de aborto?

El aborto directo, definido por Pier Giorgio Austriaco como «el asesinato deliberado y directo […] de un ser humano en la fase inicial de su existencia, la cual se extiende desde la concepción hasta el nacimiento» (Austriaco, Bioethics and Beatitude, página 47), no salva vidas.  Las clínicas abortistas solo realizan abortos directos.  Si una mujer embarazada acude a una clínica de este tipo en situación de riesgo para su vida, será derivada a su hospital local, ya que estos centros no están equipados para atender las complicaciones del embarazo.  En este sentido, la enseñanza de la Iglesia católica sobre el aborto directo siempre ha sido la misma.  La declaración del Vaticano en 2008 recordó que «a cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona», y que «el embrión humano, por lo tanto, tiene desde el principio la dignidad propia de la persona» (Dignitas Personae, párrafos 1 y 5).

Pero ¿qué pasa si la vida de una mujer embarazada está en peligro?  En los casos de complicaciones en el embarazo con riesgo para la vida puede ser necesario un proceso conocido como aborto indirecto. Austriaco define este término en la página 62 de su libro Bioethics and Beatitude como «la pérdida prevista pero no intencionada del bebé como resultado de un procedimiento médico necesario para la preservación de la vida de su madre». A un tratamiento o procedimiento que salva la vida de la madre, pero colateralmente acaba con la vida del bebé, se le conoce como aborto indirecto. La pérdida de la vida del bebé en este caso se consideraría una muerte natural, ya que no se ha llevado a cabo ningún acto destinado a la destrucción de su vida.

En cuanto a la ética del aborto indirecto, las Directivas éticas y religiosas para organizaciones católicas de servicios médicos y de cuidado de salud (conocidas como ERDs por sus siglas en inglés) han resumido la Doctrina de la Iglesia en su documento declarando que «los tratamientos, operaciones y medicamentos que tengan como finalidad directa la curación de una condición patológica grave de una mujer embarazada están permitidos cuando no sea posible aplazarlos de forma segura hasta que el niño nazca, incluso cuando puedan provocar la muerte del niño» (párrafo 47). Cuando una embarazada, antes de alcanzar la fase de viabilidad fetal, tiene una enfermedad que pone en peligro su vida y debe ser atendida inmediatamente, puede recibir el tratamiento necesario para sobrevivir, aunque su bebé pueda morir como consecuencia de ello. Esta situación, aunque trágica, es ética. La tristeza y el horror de perder un hijo por una complicación en la salud de la madre pone de manifiesto que todo aborto, directo o indirecto, sigue siendo la pérdida de un bebé. Los abortos indirectos se producen con mayor frecuencia en los embarazos ectópicos tubáricos, pero también en otros casos como el del cáncer de útero y de cuello uterino, el desprendimiento parcial y completo de la placenta, la corioamnionitis y otros tipos de complicaciones del embarazo.  A la mujer que se encuentre en esta situación hay que tratarla con el máximo cuidado y delicadeza, y teniendo siempre en cuenta sus propios deseos.

La medicina debe estar siempre dirigida a ayudar al paciente a seguir su instinto natural y alcanzar sus fines humanos.  Por su naturaleza, una madre y un padre tienen una predisposición innata a procrear en un entorno estable y a criar y proteger a sus hijos. Si una pareja que ya tiene hijos está esperando otro, su instinto natural los llevará a proteger al hijo no nacido y atender y cuidar a sus otros hijos. Cuando una madre esté enferma, su instinto natural será velar por su salud y proteger su vida por el bien de ella y de su familia. Todos estos instintos han sido creados por Dios en la persona humana, tanto para su propio bien como para el de su familia y la sociedad.

En el caso de que un niño prematuro no pudiera sobrevivir hasta el nacimiento o fuera del vientre materno, el deseo de los padres de cuidarlo y criarlo quedaría insatisfecho.  Este es precisamente el instinto humano que más cuesta dejar de lado. Lo que sí podrá cumplirse es el deseo natural de la madre de vivir y estar sana, así como de criar al resto de sus hijos. Sin dejar de respetarla y consolarla en su dolor, es preciso que su médico la apoye y la ayude a conservar su vida y cuidar de su familia.  Para poner en contexto el instinto natural de unos padres, podemos observar algunos ejemplos.

Una mujer llamada Ashley estaba embarazada de 26 semanas y empezó a tener pérdidas de sangre.  Acudió a urgencias y le hicieron una serie de pruebas de reconocimiento.  Cuando llegaron los resultados de las pruebas, Ashley se enteró de que tenía un caso poco común y muy agresivo de cáncer de cuello de útero.  Su médico le recomendó una histerectomía radical inmediata que iría seguida de quimioterapia y radioterapia.  Como el embarazo se encontraba en la semana 26, existía la posibilidad de que el bebé naciera por cesárea y se le realizase esa histerectomía radical en la misma intervención. Sería una operación larga y complicada, y el historial familiar de Ashley la exponía a cierto riesgo de hemorragia e infección.  Pero como Ashley era católica, estaba a favor de la vida y ya había creado un profundo vínculo con su hijo antes de nacer, estaba dispuesta a asumir cualquier riesgo por él.

Acudió a un especialista en bioética que conocía sus antecedentes familiares para pedirle consejo. Después de considerar todas las opciones, llegaron a la conclusión de que, dado que podía salvar su vida y preservar la de su hijo, un procedimiento que provocase la muerte del bebé no sería moral ni éticamente aceptable.  Así, se sometió a la intervención y el bebé nació. Tras pasar tres semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, su hijo Anthony pudo volver a casa.  Ashley comenzó inmediatamente la quimioterapia y la radioterapia. Mientras recibía el tratamiento de radiación, no podía sostener a su bebé ni verlo si no era a través de una ventana.  La radiación era un peligro para la salud de su hijo y por ello debía protegerlo.  Sin embargo, tras 5 meses de tratamiento, ya estuvo en remisión y pudo volver a casa con su familia. Ahora, ya sana, es libre para ser una gran esposa y madre, y estar presente en las vidas de su marido e hijo.

Otro ejemplo más reciente de un caso de aborto indirecto es la historia de Chrissy Tiegan y la pérdida de su hijo Jack. Chrissy es una modelo estadounidense casada con el cantante y compositor John Legend y madre de Luna y Miles Stephens. Durante la mayor parte de su carrera se ha manifestado políticamente a favor del derecho a decidir, pero recientemente sufrió la trágica pérdida de un bebé por un aborto indirecto y compartió su experiencia de duelo y dolor, así como el vínculo que le unía a su hijo antes de nacer. Estaba en el segundo trimestre de su tercer embarazo cuando empezó a sangrar. Le diagnosticaron un desprendimiento parcial de la placenta y la pusieron en reposo. El desprendimiento de la placenta puede causar varias anomalías congénitas y, en casos graves, la muerte del bebé y de la madre. Los médicos de Chrissy le hicieron múltiples transfusiones de sangre, la monitorizaron e intentaron mantenerla estable el tiempo suficiente para que el bebé naciera sin problemas. Tenían el objetivo de continuar el embarazo hasta las 28 semanas para que el bebé pudiera nacer a una edad que fuera segura, pero a las 20 semanas se volvió imposible. Las hemorragias de Chrissy aumentaron mucho durante una noche y el líquido amniótico se redujo peligrosamente. Contó que incluso podía sentir los brazos y las piernas de su hijo poniendo la mano en su vientre. En ese momento ella y su marido volvieron al hospital. Las transfusiones de sangre que le habían hecho no sirvieron de nada, y solo pudo permanecer en ese estado unos días más.

Si intentaba esperar ocho semanas más, se moriría y, por lo tanto, su hijo también. Si los médicos le inducían un parto prematuro, el bebé Jack no podría sobrevivir fuera del vientre materno más de unas horas, pero la vida de Chrissy se salvaría. Su deseo natural de cuidar y criar a su hijo ya no podría satisfacerse, pero su instinto natural de vivir y estar sana, al igual que el de cuidar a sus otros dos hijos, todavía podría llevarse a cabo. Teniendo esto en cuenta, optó por inducir el parto y dar a luz a su hijo a las 20 semanas. Jack nació y vivió aproximadamente una hora, siendo abrazado, amado y cuidado antes de fallecer en los brazos de su madre. Todas sus perfecciones e imperfecciones fueron amadas de todo corazón. La dignidad de Jack se mantuvo desde la concepción hasta la muerte natural, ya que no se le mató directamente. Se hizo todo lo posible por cuidarlo.  La reflexión pública de Chrissy dejó muy claro que ella y su médico no tenían intención de que muriera, y que lo quería tanto como a sus otros dos hijos. Aunque fuera éticamente correcta y médicamente necesaria, esta decisión de inducir el parto prematuramente fue extremadamente dolorosa para Chrissy y su familia. Jack era su hijo, tanto si había nacido como si no. Desde el momento en que supieron de su existencia, se entregaron por completo a él, amando cada una de sus partes. El profundo dolor de decir adiós a un bebé que aman y que han traído a la vida pone de manifiesto que amar es sufrir por el bien de la persona amada. Su pérdida no se debió a su propia elección, sino a una necesidad médica que escapaba a su control.  Hicieron lo mejor que pudieron en una situación compleja y trágica.

Muchos miembros de la comunidad provida destacaron la ironía de que una mujer proabortista llorara la pérdida de su propio hijo mientras apoyaba la muerte de otros.  Dijeron que ella solo lamentaría la pérdida de un embarazo si este fuese “deseado” o “planificado”. Pero la clave de la situación es que, aunque Chrissy no entienda ideológicamente lo que está mal en el aborto directo, sus instintos naturales como madre son los de proteger a un niño. Sin ser consciente de lo que hace, anhela proteger una vida débil y vulnerable. Todavía no ve por qué debería hablar públicamente en contra del aborto, pero en el fondo de su corazón está a favor de la vida. Su instinto maternal respeta la vida de los niños antes de que la “ciencia” la declare “viable”. En este sentido, toda mujer puede considerarse provida. Aunque no haya reflexionado racionalmente sobre los problemas del aborto y el comienzo de la vida, si está embarazada, tendrá ese deseo natural de ser madre. Eso es lo que ocurre en la maravillosa mente de una mujer, tanto si se identifica como provida como si no.

Tanto el aborto directo como el indirecto son trágicos. La cultura de la muerte defiende el aborto directo y silencia el dolor del aborto indirecto, pero esto tiene que terminar. La persona humana, desde el principio, es imprescindible, insustituible e irrepetible. Independientemente de cuánto se la conozca, es digna de amor y protección. Por una persona que amas merece la pena arriesgar cualquier posibilidad de perder o ser rechazado. Amar de verdad a una persona es sufrir por ella y desear que exista, por mucho dolor y angustia que te provoque. Chrissy Tiegen y John Legend están dando ejemplo de este amor, junto con tantos otros padres que sufren en todo el mundo, y plantando las semillas de una nueva cultura de la vida. Cada niño que ha existido, haya nacido o no, o haya sido abortado directa o indirectamente, ha dejado sus pequeñas huellas en el corazón de su madre, de su padre y de todos los que lo conocieron. Cuando se van de esta vida, nada vuelve a ser igual para sus padres. Pero aún así mereció la pena amarlos durante su existencia, independientemente del tiempo que fuera. El bien que se perdió al marcharse dejó con su paso una gran belleza en el mundo que nunca podrá ser reemplazada.

A partir de los casos de Ashley y Chrissy se puede ver claramente que, aunque el aborto indirecto puede salvar la vida de las madres, sigue siendo trágico y solo puede ser moral y éticamente lícito cuando sea necesario para preservar la vida de la mujer.  Además, en estas situaciones no se puede atentar directamente contra la vida del bebé.  Por el contrario, los procedimientos para salvar la vida de la madre que puedan causar la pérdida del bebé podrán realizarse si y solo si no se pueden retrasar hasta después de un parto seguro. No es la pérdida de la vida del bebé lo que salva una vida, sino la histerectomía, la salpingectomía o el parto anticipado lo que salva a la madre. Nadie que conozca a una mujer en esa situación diría que está abortando. Cuando una mujer pierde un hijo por un aborto indirecto sufre el máximo dolor que pueden experimentar unos padres, además de tratarse del acontecimiento vital más estresante. La forma más traumática de perder un hijo es a través de una emergencia médica que pone en peligro la vida de la madre y del niño cuando no se puede hacer nada para salvarlo.  Esta no es una situación de la que se pueda abusar para hacer política o para justificar el aborto directo. Incluso si se ilegalizase el aborto y se cerrasen todos los centros de aborto del país, las mujeres como Ashley y Chrissy seguirían teniendo acceso a la atención médica que necesitaran a través de su centro local especializado en atención al embarazo. Si hubieran acudido a Planned Parenthood, simplemente habrían sido derivadas de manera directa a sus hospitales para recibir tratamiento. Debemos apoyar a las mujeres para que reciban la mejor y más ética atención cuando se enfrenten a complicaciones del embarazo que pongan en peligro su vida, además de acompañarlas en su duelo y curación.  El dolor del aborto indirecto nos ayudará a darnos cuenta de la injusticia del aborto directo, y la tragedia que resulta perder a niños por procedimientos médicamente necesarios debería motivarnos aún más para acabar con la pérdida de vidas de forma innecesaria.

Obras citadas

Ashley, Benedict M., and Kevin D. O’Rourke. Health Care Ethics: a Theological Analysis. Georgetown University Press, 1997.

Austriaco, Nicanor Pier Giorgio. Biomedicine and Beatitude: an Introduction to Catholic Bioethics. Catholic U. of America Press, 2012.

“Ethical and Religious Directives for Catholic Healthcare Ethics.” United States Conference of Catholic Bishops, June 2018, usccb.org. Ladaria, Luis F. “Instruction Dignitas Personae on Certain Bioethical Questions, Congregation for the Doctrine of the Faith.” Vatican, 2008, http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_do

0 comments on “Aborto Indirecto: Acabando con el Mito

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s